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Ganbarimasu

Una de las primeras palabras que aprenden aquellos que estudian el idioma y la cultura de los japoneses —creadores de los procesos de la mejora continua y la calidad total en las empresas—,  es “GANBARIMASU”, un término que básicamente quiere decir “hacerlo lo mejor posible” y nos explica lo que siente un japonés cuando dice “ganbarimasu”…  vendría a ser algo así como “estirar, llevar al máximo mi objetivo”.

Algo que aquellos que gustan del cine, tal vez hayan podido registrar en un pasaje de la gran película El último Samurai, es cuando Tom Cruise —mientras está recluido en un pequeño pueblo japonés— expresa su asombro y admiración al ver como los pobladores buscan perfeccionar, mediante la práctica sistemática del arte marcial, todo lo que hacen en su vida en general.

Una postura como ésta, sintetiza el firme compromiso que tienen algunas sociedades con el hacer cada vez mejor todo aquello que hacen, creando así una cultura de superación constante, al mismo tiempo que se desalienta todo tipo de conducta conformista.

Algo que también supo expresar el gran Steve Jobs en una de sus famosas frases dirigidas al mundo empresarial y de negocios: “Ya que el trabajo va a ocupar gran parte de nuestras vidas, la única manera de estar satisfechos, es hacer siempre lo que se considera un trabajo extraordinario. Si no lo han descubierto aún, sigan intentando. No se conformen”.

Este tipo de  paradigmáticos ejemplos de desarrollo, se contraponen de sobremanera con muchas de las realidades que vivimos en nuestros países subdesarrollados, donde la norma no es la mejora, sino una profunda aversión al riesgo y donde por sobre todas las cosas, se promueven hábitos contrarios al esfuerzo y al compromiso con la mejora.

Si bien es cierto que venimos de la cultura “del más vale viejo conocido que nuevo por conocer”, es en estos tiempos donde todo se acelera —hasta la misma noción del paso del tiempo— y nuestro presente toma una distancia cada vez mayor del progreso y de lo que debiera hacernos cambiar nuestra postura antes de que sea demasiado tarde.

Hoy cualquier tipo de empresa o negocio ya no sólo tiene la necesidad, sino la obligación de desarrollar prácticas comerciales de calidad, porque los consumidores de todas las categorías están cada vez más informados y son cada vez más exigentes, al momento de satisfacer sus necesidades, no habiendo segundas oportunidades para aquellos que no hagan de la mejora continua, una parte fundamental de su cultura.

Para que esto no sea una utopía, será necesario contar con el capital humano competente y comprometido en todos los detalles, trabajando con objetivos bien definidos, con un sentido de propósito que los trascienda y siempre bajo liderazgos profesionales y éticos. Algo, que si bien no es sencillo conseguir y mucho menos llevar a la práctica, es el único camino viable para cualquier tipo de empresa u organización.

Parte de esta actitud de mejora permanente y consistente en el tiempo, es la que deben tener tanto las empresas privadas como el Estado, si lo que se quiere es mantenerse en el mercado y no desaparecer en el intento. Manteniéndose activos en la transformación digital y en los nuevos métodos y maneras de producir, como también en las comunicaciones, el marketing, la publicidad, las ventas, la distribución, la selección de los proveedores y los servicios en general, para ofrecer experiencias relevantes que mejoren la calidad de vida de las personas.

Hacer por hacer y como sea, ya fue —incluso tal vez nunca fue—. Aceptar los desafíos de estos tiempos implica informarse, capacitarse, entrenarse todo el tiempo y no hacer más de lo mismo permanentemente, ya que el tiempo perdido termina siendo el más valioso, porque no se recupera.

Podemos asegurar que la expertise deberá ser la norma en las empresas. Son tiempos de estar a la altura de las circunstancias y no por debajo de ellas, ya que clientes empresariales y consumidores finales tienen niveles de expectativas y exigencias cada vez mayores y están cada vez más informados y conectados.

Son tiempos de reivindicaciones crecientes, de tensiones en muchos sectores sociales, de permanentes cambios en los mercados, de productos y servicios tan disruptores como aceptados por las grandes masas, donde no sólo las empresas y los ciudadanos japoneses son quienes deben vivenciar el término “Ganbarimasu”, sino todos aquellos que pretendan ser parte activa de esta nueva y maravillosa era.

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