5 errores de pensamiento en marketing y publicidad
5 errores de pensamiento en marketing y publicidad

Los 5 errores de pensamiento, en marketing y publicidad.

2018/05/03 1Asesoramiento

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“El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor”.

Confucio, pensador chino, 551 – 479 A.C.

 

A pesar de saberlo desde hace tanto tiempo, los seres humanos seguimos cometiendo y perpetuando errores sin siquiera aprender de ellos, aunque más no sea para dejar de padecerlos.

La neurociencia nos explica que tal situación se da por una condición inherente a nuestra psiquis (a la cual poco le importa si algo es real o no) que evita inconscientemente todo aquello que nos pueda ocasionar cierto desequilibrio emocional. Y sin dudas que reconocer que hemos cometido un error y estamos equivocados en algo nos desequilibra emocionalmente.

Todo es culpa de la homeostasis (conjunto de fenómenos de autorregulación inconsciente) o sea, lo que en términos criollos y para que se entienda bien, vendría a ser algo así como el «no hagan olas de los uruguayos«, esa condición tan nuestra de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, para mantener el famoso statu-quo.

Por eso en este artículo hemos querido abordar cinco errores a los que frecuentemente asistimos en nuestra agencia, que originados en el inconsciente de aquellos que tienen responsabilidades en la toma de decisiones de las empresas, ocasionándoles importantes pérdidas de recursos económicos y oportunidades en el mercado, frente a sus competidores.

Aquí están los 5 errores con sus correspondientes antídotos:

  1. Creer que lo imposiblees posible: como en un acto de fe ciega, no racional, creer por creer, (sin pensamiento crítico ni analítico alguno que de soporte a esa acción en la que seguramente estamos poniendo todo tipo de recursos, llámense tiempo, personal, dinero, etc., etc.), pensando que existen soluciones mágicas y de corto plazo para los problemas complejos que se han venido gestando y padeciendo desde hace tiempo. Generalmente este tipo de problemas pueden ser una persistente y evidente caída en las cifras de ventas, o las no tan evidentes caídas de los márgenes de ganancias y por ende de rentabilidad de mediano y largo plazo, o una reducción en la participación de mercado a manos de nuevos competidores.

El antídoto: hacer lo que hay que hacer y con quienes hay que hacerlo, estableciendo claramente el propósito y los objetivos del negocio, tanto para el corto, como para el mediano y largo plazo, para luego de planificar bien lo que se va a hacer, ejecutarlo con el profesionalismo y la creatividad que exigen estos tiempos. 

  1. Creer que haciendo más de lo mismo, se pueden obtener resultados distintos: quelos problemas existentes se pueden solucionar con el mismo tipo de pensamiento que los generó. Es lo que en nuestra agencia tratamos de hacer entender a nuestros clientes y prospectos, mediante la conocida frase del ilustre Albert Einstein “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Los problemas a los que hacemos referencia surgen y se perpetúan en el tiempo, por mantener viejos paradigmas que en su momento les permitieron alcanzar el éxito, y que si hoy no son remplazados por nuevos paradigmas, más temprano que tarde les estarán condenando al fracaso. No considerar la transformación digital, los nuevos hábitos de consumo, la omnipresencia del móvil, la multicanalidad, la necesidad de incorporar a la estrategia de las empresas la promoción de valores sociales, culturales y medioambientales o el emergente estilo de vida saludable, es negarse al desarrollo.

El antídoto: incorporar el cambio y la mejora continua como pilares fundamentales para promover esa innovación que genera nuevas oportunidades de negocio. 

  1. Creer que se puede ganar sin asumir riesgos: ya que en realidad hoy en día tanto los riesgos medidos como los errores provocados por el hacer, se imponen en las organizaciones más avanzadas y modernas como estilos de gestión para obtener resultados y tener éxito. Vacilando y dudando todo el tiempo de si hacer tal o cual acción y/o campaña, lo único que provoca es la obtención de resultados mediocres. Gestionando como se dice con el freno de mano puesto, e inmersos en un clima organizacional con aversión al riesgo, que no apoya ni estimula aquellas iniciativas que nos sacan de la zona de confort, provocando un retroceso por la falta de creatividad e innovación.

El antídoto: instalar nuevas maneras de gestionar el día a día en las empresas, con apertura a nuevas prácticas y herramientas, al uso de la tecnología y al liderazgo colectivo, con un propósito definido y rico en valores compartidos. O sea, incorporar la visión positiva del riesgo, como una práctica cotidiana para el aprendizaje.

  1. Creer que se puede gestionar sin planificación alguna: prescindiendo de la elaboración de un plan de marketing y promoción anual, con su correspondiente fijación de objetivos  y asignación de presupuestos, anteponiendo la excusa de la incertidumbre. Esto, porque para ganar en los híper competitivos mercados actuales, se tiene que invertir. Como dicen, el que no invierte, no gana y hoy eso es una verdad incontrastable. Si una empresa no está dispuesta a pelear por su parte del pastel, seguramente muchas otras estarán en condiciones y más que dispuestas a hacerlo, ya que una buena manera de generar mercado, es que algunos jugadores desaparezcan.

El antídoto: elaboración de planes para el mediano y largo plazo, con establecimiento y revisión sistemática de los objetivos planteados, con una retroalimentación y actualización constantes (no sólo cuando los problemas se manifiestan), trabajando por sobre todas las cosas en la causas que los originan más que en las consecuencias, incentivando la cultura de la mejora continua a nivel de toda la organización, haciendo que cualquiera pueda proponerlas y que no sólo dependan del personal de mayor rango, estableciendo además, una comunicación fluida y sin jerarquías con despachos de puertas abiertas, donde se valoren la franqueza y el compromiso.

  1. Creer que cualquiera puede hacer lo que sea: contratando personal y proveedores sin las competencias imprescindibles para el óptimo desempeño de las tareas encomendadas, apostando por las relaciones de confianza personal (amigos y familiares) por encima de las de las competencias específicas y profesionales requeridas. Aquellos empresarios que pretenden solucionar problemas complejos, acudiendo a los cortesanos del sí fácil, esos seres iluminados que opinan de todo y que por lo general, lejos de querer (y poder) solucionar el problema, lo único que hacen es agradar, para no perder su posición. Las soluciones sencillas a problemas complejos no existen y en nuestra agencia lo sabemos muy bien, por eso actuamos en consecuencia, no aportando jamás en la primera reunión posibles soluciones al o los problemas planteados. Nos gusta escuchar, preguntar y re-preguntar, observar lo que nos dicen y lo que no nos dicen, ver la empresa, la gente que trabaja y principalmente a los clientes. Ya entrados en relaciones de confianza profesional solemos decir a quienes nos contratan que no trabajamos para ellos, sino que lo hacemos para sus clientes, a quienes debemos entender y comprender, para luego seducir con las ideas de campaña y otras acciones que proponemos.

El antídoto: contar con colaboradores calificados, esos que sintetizan espectacularmente conocimientos y experiencia y que sólo trabajan actuando en competencia, aquellos que jamás te dicen lo que quieres escuchar, sino lo que hay que hacer.

Si bien es de lo errores que se aprende (y bastante por cierto), son los aciertos los que nos hacen vencer en el mercado y lograr mejores resultados que la competencia, única manera por cierto, de asegurar un desarrollo sostenido y sostenible en el tiempo.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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